El agente causal: Canine Distemper Virus (CDV)

El virus del moquillo canino (CDV) es un Paramyxovirus ARN de la familia Paramyxoviridae, género Morbillivirus — el mismo género que el virus del sarampión humano, aunque no son el mismo virus y el moquillo no es transmisible a personas.

El CDV es moderadamente resistente en el ambiente frio (hasta 2 horas a 20°C), pero sensible al calor, luz UV y desinfectantes comunes.

Epidemiología

Distribución mundial. En España, la vacunación ha reducido drásticamente la incidencia, pero sigue habiendo brotes en poblaciones no vacunadas (cachorros, perros abandonados, colonias de gatos ferales — donde el gato no se vacuna pero puede haber perros sin vacunar cerca).

Grupos de riesgo: cachorros con inmunidad materna declinante (6-12 semanas), perros sin vacunar, inmunosuprimidos y animales de refugios con alta densidad.

Síntomas: las fases de la enfermedad

Fase 1: Respiratoria (días 3-7 post-infección)

Fase 2: Gastrointestinal

Fase 3: Neurológica (puede presentarse en paralelo o semanas después)

Es la fase más grave y la que determina el pronóstico:

Signos específicos del moquillo

Diagnóstico

Tratamiento (de soporte)

El pronóstico es reservado. Los perros que llegan a la fase neurológica tienen una mortalidad del 50-80% y los supervivientes pueden tener secuelas permanentes (mioclonias crónicas, epilepsia post-distemper).

Prevención: la vacunación es la única solución

La vacuna contra el moquillo forma parte de la vacuna combinada DHPPi (Distemper, Hepatitis, Parvovirus, Parainfluenza) — conocida como "vacuna múltiple" o "DHPP".

Protocolo vacunal estándar

Es una vacuna core (esencial): la WSAVA y la WSAVA Guidelines for the Vaccination of Dogs and Cats la clasifican como obligatoria para todos los perros del mundo, sin excepción. No existe raza resistente.

La inmunidad materna y la "ventana de susceptibilidad"

Los anticuerpos maternos protegen a los cachorros las primeras semanas pero también bloquean la respuesta a la vacuna. Entre las 6 y las 14 semanas, los anticuerpos maternos descienden hasta niveles que no protegen al cachorro pero pueden interferir con la vacuna: es la "ventana de susceptibilidad". Por eso se administran varias dosis hasta las 16 semanas — para asegurar que al menos una cae en el momento en que el sistema inmune puede responder.